Cómo descubrir tu vocación… con un triángulo

Hoy vamos a hablar de la Vocación. Para explicarlo, construiremos un triángulo, el tuyo.

Coge una hoja y dibuja un triángulo en ella. No hace falta que quede perfecto pero hazlo grandecito, que lo vamos a llenar de cosas.

Empecemos por uno de los vértices. Se titula “LO QUE ME GUSTA”. En este vértice tienes que hacer un ejercicio de reflexión y escribir todas aquellas cosas que te gusta hacer. Cuanto más te gusten, mejor. Son aquellas cosas que haces con pasión, que no te cansan, que te encanta hacer siempre que puedes y que hasta pagarías por hacer. Seguramente te saldrán un montón de cosas; es fácil decir lo que a uno le gusta hacer ¿verdad? Asegúrate de que has escrito al menos diez. Si te cuesta sacar ideas, recuerda qué te encantaba hacer cuando tenías ocho o diez años…

El segundo vértice se titula “LO QUE HAGO BIEN”. Este es el vértice más divertido. Pregunta a otras personas qué haces bien. Tienen que ser personas cercanas, como familia, amigos, pareja, compañeros de trabajo… que te conozcan desde hace tiempo, esto es importante. Pídeles sinceridad, diles que estás buscando tu Vocación y necesitas su ayuda. Escribe todo lo que te digan, muchos coincidirán unos con otros, aunque no te “cuadre” mucho. Muchas personas no son conscientes de las cosas que hacen bien a ojos de los demás porque lo ven como “normal y fácil”. Si alguien cercano te dice que haces algo bien, es que lo haces bien. Mientras no tengas al menos diez, ¡sigue preguntando!

El tercer vértice se titula “LO QUE PUEDE BENEFICIAR A OTRAS PERSONAS (Y A TI)”. La idea es que pongamos nuestra vocación al servicio de los demás (y al nuestro también, claro). Ese beneficio a los demás puede ser cambiar de alguna forma la vida de otros, hacer dinero, directamente, o crecer o desarrollarte personalmente tú mismo u otras formas de beneficio a las personas que se te ocurran a ti. Este vértice tiene truco porque requiere dos cosas: que tengas en cuenta las cosas coincidentes que has escrito en los otros dos vértices e investigación de mercado para ver qué pueden necesitar otras personas.

Los lados de tu triángulo también tienen nombre. El que une lo que te gusta con lo que haces bien es tu “PASIÓN”, el que une lo que haces bien con lo que puede beneficiar a otras personas puede ser tu “PROFESIÓN”. El tercer lado es tu “MISIÓN” en la vida.

Cuando logres encontrar cosas coincidentes en los tres vértices, ¡ENHORABUENA, HAS ENCONTRADO TU VOCACIÓN!

Escucha Activa

«Tenemos dos orejas y una boca justamente para escuchar más y hablar menos» – Zenón de Citio

La escucha es la parte más olvidada de la comunicación. Es absolutamente necesaria pero no le damos la importancia que merece. Vivimos en la Era de la Comunicación — móviles, Whatsapp, Yammer, Facebook, Instagram, incluso el correo electrónico,… — pero ¿cuánta escucha verdadera hay en todas estas conversaciones?

Hay al menos tres razones por las cuales es importante la escucha, especialmente en una negociación o conflicto con los que nos podemos encontrar diariamente en nuestro trabajo.

1. La escucha nos ayuda a entender a la otra parte. La negociación es, después de todo, un intento de influenciar a los demás. ¿Cómo podemos siquiera pensar en cambiar el posicionamiento de alguien si no sabemos cuál tiene inicialmente? La escucha es la clave

2. Escuchar adecuadamente nos permite conectar con el otro ser humano. Ayuda a crear conexión entre personas. Construye confianza. Le muestra al otro que nos importa realmente lo que piense y sienta. Todo el mundo desea ser escuchado. Todo. El. Mundo.

3. Cuando has escuchado adecuadamente a la otra persona, es más probable que la otra persona te escuche a ti. Y eso ayuda a llegar a un acuerdo o solucionar un conflicto.

Sin embargo, a pesar de sus múltiples beneficios y ser algo natural en las personas, la escucha genuina es algo que necesita ser aprendido y practicado cada día. Al menos para aumentar el nivel de la escucha que solemos practicar.

El primer nivel, el más habitual, es cuando solo oímos las palabras del otro. Mientras lo hacemos, nuestro cerebro está pensando «¿estoy de acuerdo en esto que dice? ¿en qué parte no estoy de acuerdo?» y lo que más nos limita, estamos preparando la RESPUESTA que le vamos a dar cuando deje de hablar. En otras palabras, en el primer nivel de escucha, el foco de nuestra atención está en NOSOTROS.

En el segundo nivel de escucha, sin embargo, el foco de nuestra atención está en LA OTRA PERSONA. Nos ponemos en su posición durante la escucha. Vibramos en la misma onda. Escuchamos desde SU marco de referencia, no desde el nuestro. Eso no es fácil ni evidente. En el segundo nivel de escucha no solo escuchamos las palabras sino lo que hay MÁS ALLÁ de las palabras. Escuchamos las emociones subyacentes, los sentimientos, las necesidades del otro. Escuchamos lo que la otra persona REALMENTE quiere o necesita, aunque no sepa expresarlo adecuadamente.

En un próximo post hablaremos de cómo podemos prepararnos y practicar la escucha en el segundo nivel, el genuino, el que más beneficios aporta a nuestra relación con los demás.

Gracias por escuchar (leer) 😉