Hábitos, parte 1. ¿Por qué te definen?

Hoy hablamos de hábitos y de cómo cambiarlos. Este vídeo es la primera parte.

Recurriendo al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, encontramos que un hábito es el «modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición (…) u originado por tendencias instintivas». Cuando algo se fija en nuestro comportamiento por repetición es que lo hemos hecho de la misma manera durante tantas veces que ya lo hacemos inconscientemente, casi sin pensar. Eso es un hábito.

Vamos a utilizar un gráfico para ver dónde se encuentran los hábitos. Lo haremos en forma de capas, como una cebolla, pero cortada a la mitad. Este gráfico tiene como base los niveles neurológicos del ser humano, que ya explicamos en otro vídeo de Cosas de Coaching que te animo a que veas ahora mismo, antes de continuar.

La primera capa es la representación mental que tenemos de nosotros mismos, el Yo Real. Representa como creemos que somos realmente. Es una parte inconsciente de la mente donde se encuentran las capacidades y conocimientos que creemos tener, nuestras creencias y valores e incluso nuestra identidad, el quién somos para nosotros mismos.

Rodeando al Yo Real están nuestros comportamientos. Es la parte consciente y observable de nosotros. Está compuesta por las acciones que realizamos en nuestro entorno: el dónde, cuándo, con qué o con quién hacemos algo, y por nuestras conductas, la forma de reaccionar que tenemos ante nuestro entorno: qué cosas hacemos, cómo nos comportamos en unas circunstancias determinadas.

La última capa, que rodea a las otras dos, es la imagen que damos a los demás, de qué manera nos ven los otros. Es nuestra apariencia externa, lo que dirían de nosotros la gente que nos conoce si les preguntaran cómo somos.

Pues bien, los hábitos están en la capa intermedia de los comportamientos, porque son observables y concretos, pero están muy cerca de la primera capa, el Yo Real, porque son, la mayoría de las veces, inconscientes. Por eso decimos que los hábitos nos definen y que, observándolos, podemos aprender mucho de cómo es, para nosotros, ese Yo Real.


Una de las motivaciones básicas del ser humano es la coherencia. La búsqueda de la coherencia entre nuestro Yo Real, nuestros comportamientos y la imagen de nosotros que nos devuelven los demás es lo que hace que estemos continuamente luchando para que las tres capas estén alineadas y podamos vivir en equilibrio. Y los hábitos tienen un papel preponderante en esa búsqueda de coherencia.

La coherencia puede ir en dos sentidos, de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro.

Veamos un ejemplo de coherencia de afuera- adentro. Partimos de una afirmación como la siguiente: «quiero ser percibido como alguien generoso». Esto estaría en la capa más externa, la imagen exterior. En la capa intermedia, para ser coherente con eso, deberíamos desarrollar comportamientos del tipo «Ayudo a los demás siempre que puedo cuando detecto una necesidad en alguien». Si ayudamos a los demás cuando lo necesitan, nos verán como alguien generoso ¿verdad? Siempre que no pidamos algo a cambio ¿eh? En la capa más interna, en nuestra auto-imagen Yo Real estará una afirmación coherente con las otras dos, del tipo «Soy una persona afortunada en la vida. Dispongo de recursos que otros no tienen», por ejemplo. Esos recursos pueden ser tiempo, dinero, conocimientos o lo que sea que aportamos a los demás cuando necesitan ayuda. ¿Ves la coherencia entre las tres capas?

Veamos ahora otro ejemplo de coherencia, esta vez de adentro-afuera. Partimos de una creencia: «Soy una persona insegura». Esta creencia está en nuestro Yo Real. En la capa intermedia, puede ser que uno de nuestros comportamientos sea «evitar tomar decisiones precipitadas sobre temas importantes, buscando información de diferentes fuentes para estar lo más seguro posible antes de tomar la decisión». Por último, en la capa de cómo me verán los demás tras este tipo de comportamientos puede estar algo así como «Es una persona súper fiable. Cuando dice algo, suele ser verdad al 100%. Su opinión vale de mucho». ¿Ves otra vez la coherencia?

La búsqueda de coherencia hace que nuestros comportamientos se adapten tanto al exterior (la imagen que queremos dar) como a nuestro interior (la persona que creemos o queremos ser). Cuando un comportamiento da buen resultado y obtenemos lo que queremos, tenemos la tendencia a repetirlo, con pocas variaciones, hasta que se convierte en un hábito. Así es como un comportamiento se convierte en un hábito: porque cumple una función.


Veamos ahora, también gráficamente, cómo es la estructura de un hábito. Tiene tres componentes básicos. El primero es el Desencadenante. Es algo concreto que hace que el hábito comience. Es como un disparador, algo de duración muy corta. Este desencadenante puede ser externo o interno. Uno de tipo externo sería ver ponerse un semáforo en verde, oír el tono de llamada de nuestro teléfono o sentir el agua caliente de la ducha sobre nuestra piel, por ejemplo. Lo externo lo percibimos con nuestros sentidos y cualquier otra persona podría percibirlo. Un desencadenante interno sería un pensamiento, un recuerdo, una emoción concreta, un estado de ánimo,… algo que sucede dentro de nuestro cuerpo y que solo nosotros somos capaces de percibir.

El segundo componente del hábito es la Rutina. Es la acción o reacción concreta que realizamos. Es la parte observable y repetitiva del hábito que podemos describir con un nivel de detalle muy alto.

El último componente es la Recompensa. Ninguna rutina habría llegado a repetirse tanto como para convertirse en un hábito si no hubiera una recompensa positiva que obtuviéramos como resultado de realizarla. La Recompensa puede ser también externa o interna pero la gran mayoría de las veces es interna, es decir, emocional. Debido a esto, a veces es muy difícil descubrir cuál es la recompensa que obtenemos porque no se ve y quizá no tengamos la costumbre de analizar cómo nos sentimos tras realizar la rutina del hábito. Pero no tengas dudas, siempre, repito, siempre, hay una recompensa que ha hecho que el hábito se haya implantado en nosotros.

Ahora que ya sabes todo esto, te propongo un ejercicio cuyo resultado usarás después, cuando quieras eliminar o cambiar un hábito que tengas.

Dedica un tiempo a observar tus hábitos para ver cómo te definen. Utiliza una plantilla como esta: En la primera columna anota el hábito, ponle un nombre. Por ejemplo, «morderme las uñas». En la segunda columna pon cuál es el desencadenante de ese hábito. Atención: recuerda que puede ser interno o externo y es algo de corta duración. Si no estás seguro, obsérvate durante unos días y en cuanto te descubras en medio de tu hábito, trata de descubrir qué fue lo que lo inició. En el ejemplo que estamos poniendo, puede ser una sensación de ansiedad mientras estoy leyendo. En la tercera columna describe la rutina del hábito de la manera más precisa y detallada que puedas. Si es una rutina relacionada con un hábito siempre se repetirá de una manera muy similar de una vez a la siguiente, por lo que te será fácil describirla. Si hay variaciones sustanciales, mira a ver si son dos hábitos diferentes o si hay dos desencadenantes diferentes para un mismo hábito. En nuestro ejemplo, solo me muerdo las uñas de la mano izquierda, empezando por el dedo pulgar. Por último, en la cuarta columna, pon cuál es la recompensa que recibes tras realizar la rutina del hábito. Es posible que al principio te cueste mucho rellenar esta columna, pero insiste. Recuerda: siempre, siempre hay una recompensa. Interna, la mayoría de la veces. En el ejemplo, siento reducir mi ansiedad mientras leo. Cuando tengas la lista con algunos de tus hábitos, ya estarás preparado para ver la segunda parte de este vídeo.

Bueno, hasta aquí hemos llegado en esta primera parte sobre hábitos. No te olvides de darle al like si te gustó este vídeo, de suscribirte al Canal si quieres seguir aprendiendo y de comentar lo que quieras en la sección de comentarios. Gracias por pertenecer a la gran comunidad de Cosas de Coaching.