Inteligencia Emocional Intrapersonal

Como ya pudiste ver en un vídeo anterior de Cosas de Coaching, la inteligencia emocional tiene dos grandes ámbitos: el interpersonal, cuando incluye a otras personas y el intrapersonal, cuando se refiere a uno mismo. Hoy vamos a hablar un poco más detenidamente de este último.

Recordemos los dos componentes de la inteligencia emocional intrapersonal: el autoconocimiento, el reconocimiento de nuestras propias emociones — incluyendo la información que nos dan — y la autorregulación, que incluye, a su vez, dos partes, la autogestión, referida a la gestión de nuestras propias emociones cuando ya las podemos identificar y extraemos y utilizamos la información que nos proporcionan, y la automotivación, la habilidad para usar nuestras emociones para emprender una acción concreta que deseamos llevar a cabo.

Partimos de una situación en la que nos vemos envueltos de alguna manera; podemos ser participantes en lo que ocurre o solamente meros observadores. Hay algo en esa situación concreta que percibimos que nuestro sistema de «radar» innato e inconsciente interno nos dice que es relevante para nosotros y que debemos reaccionar de alguna manera. Esa percepción está modulada, de algún modo, por nuestra experiencia: situaciones anteriores parecidas que vivimos y cómo evolucionó la cosa, por ejemplo. Solemos reaccionar de la misma manera, normalmente. Hablamos de una parte innata e inconsciente en nosotros, por lo que se trata de algo automático. En cuanto percibimos ese desencadenante emocional, aparece en nuestro interior una activación emocional, una emoción, como respuesta a él. Y esa emoción, mediada por algunos procesos internos conscientes e inconscientes, desata un comportamiento concreto en nosotros. Por último, ese comportamiento concreto, sea cual sea, provoca unos resultados, en nosotros y en los demás, que podemos evaluar en una escala como más bien positivos o más bien negativos. Y esos resultados se incorporan a nuestra experiencia y se tendrán en cuenta como moduladores de futuras percepciones de futuras situaciones.

Aquellos que habéis visto el vídeo del Proceso Emocional de Cosas de Coaching, probablemente habéis reconocido en esto que acabo de contar el primer filtro del proceso emocional, el inconsciente, en la etapa de la percepción del desencadenante emocional y el segundo filtro, el parcialmente consciente, en la elección del comportamiento que desarrollamos tras la activación emocional. Por si alguien quiere recordarlo o vero por primera vez, aquí arriba os dejo el link.

Todo este proceso que tenemos representado aquí es la Vía Reactiva. Se llama así porque muestra cómo reaccionamos habitualmente ante las situaciones. Es esta vía la que es objeto del primer componente de la inteligencia emocional intrapersonal, el autoconocimiento. El autoconocimiento no es más que observar cómo actuamos ante las distintas situaciones que nos suceden en la vida. Observándonos podremos aprender cuáles son los desencadenantes emocionales que percibimos en las situaciones, qué emociones concretas lanzan dentro de nosotros y cuáles son nuestros comportamientos y los resultados de estos. Una autoobservación atenta y prolongada en el tiempo, en muchas situaciones distintas, nos proporcionará un conocimiento muy valioso de nosotros mismos. Con ese conocimiento luego podremos actuar y cambiar algo que no nos guste… si queremos, claro.

La autogestión también la podemos encontrar en esta Vía Reactiva, distribuida en dos zonas. Una vez que tenemos el autoconocimiento suficiente y sabemos qué percepción concreta de la situación nos lanza una emoción, es decir, qué desencadenantes emocionales son relevantes para nosotros, es cuando podemos actuar. Cambiar la percepción es el camino. Pongamos un ejemplo: imagina que para ti un desencadenante muy poderoso en una situación es que otra persona te alce la voz, te grite. La percepción de una persona gritándote por algo activa en ti de forma casi instantánea la emoción del enfado que, habitualmente provoca en ti un comportamiento de gritar como respuesta y un resultado que valoras claramente como negativo: dos personas gritándose no pueden llegar a un entendimiento. ¿Qué pasaría sin cambias tu percepción y cuando alguien te grita no te lo tomas como una agresión hacia tu persona, sino como una muestra de la agitación emocional que la otra persona tiene y que, quizá, no tenga nada o poco que ver contigo? Probablemente la emoción que sentirías ya no sería el enfado y no provocaría que gritaras a tu vez sino, quizá, intentando calmar a la otra persona, con un resultado, si tienes éxito, de poder llegar a un entendimiento con ella, lo cual valoras de una manera positiva. Lo único que has hecho es cambiar tu percepción de la situación, siendo la situación en sí misma, idéntica en los dos supuestos.

La segunda zona donde la autogestión se puede utilizar es el comportamiento elegido tras sentir la emoción. Aquí no cambiamos la percepción ni la emoción que lanza esa percepción, en el ejemplo anterior, seguimos sintiendo enfado cuando alguien nos grita, pero decidimos conscientemente cambiar el comportamiento automático que solemos tener — y que conocemos debido a nuestro autoconocimiento — en casos como ese. Esta forma de autogestionar requiere no dejarnos llevar por la emoción, cierto grado de autocontrol y equilibrio emocional. ¿Cómo podemos cambiar nuestro comportamiento? Hay dos vías principales, aunque no exclusivas: la primera es dejar que pase la ola emocional, darnos un tiempo, que será variable para cada persona, sin hacer nada, por mucho que nos apetezca responder, hasta que la intensidad de la emoción baje lo suficiente como para poder decidir mejor cómo reaccionar. La segunda es elegir de forma consciente el comportamiento que provoque un resultado positivo. En nuestro ejemplo, podría ser, sintiendo incluso toda la activación fisiológica del enfado dentro de nosotros., decir de la forma más calmada posible que podamos, a la otra persona que nos enfada que nos griten y que así nos sentimos ahora. Simplemente comunicar nuestro estado emocional en voz alta hace que podamos controlarlo mejor. Puede parecer difícil, pero como casi todas las habilidades, es cuestión de práctica. Cuando empezamos a aplicar la autogestión, la Vïa Reactiva empieza poco a poco a ser menos reactiva y más proactiva

La automotivación es cuando logramos darle la vuelta totalmente a esa Vía Reactiva. Y lo hacemos cuando empezamos por el final. ¿Qué resultados queremos obtener, para mí o para otros? Cuando partimos de unos resultados concretos es cuando podemos elegir el comportamiento que provoque esos resultados. Y como cada comportamiento está provocado por una emoción, ¿qué emoción necesito para provocar ese comportamiento? Si te estás dando cuenta, estamos pasando de una posición victimista, de dejarse llevar por la emoción que nos provoca una situación concreta, a una posición de responsabilidad, en la que debemos y podemos elegir lo que queremos. Por último, para desencadenar esa emoción que necesito, ¿cuál es la percepción que la provoca?, ¿cuál es su desencadenante emocional para la situación a la que me enfrento o voy a enfrentar (si puedo preverla, claro)? Esta Vía Proactiva en su totalidad es la forma en que podemos usar la automotivación de manera emocionalmente inteligente, es decir, a nuestro favor. De la misma manera que en la Vía Reactiva, los resultados obtenidos pasan a formar parte de nuestra experiencia, los cuales, como hemos visto antes, modulan la expresión de la emoción que corresponde a una percepción. Esto quiere decir que si logramos automotivarnos de forma adecuada, consiguiendo resultados positivos para nosotros y para los demás, estos pasarán de forma automática a la Vía Reactiva, haciendo que ese comportamiento que provoca buenos resultados sea cada vez más automático e inconsciente y nos cueste menos esfuerzo obtenerlo. Es una forma ir mejorando de forma consciente nuestros resultados. Y si te estás preguntando: ¿qué pasa si, a pesar de seguir la Vía Proactiva no consigo los resultados deseados? La respuesta es fácil: si eres realista con los resultados que te propones, sigue practicando, sigue observándote, sigue asumiendo responsabilidad sobre tus comportamientos y comprobarás como, poco a poco, los resultados llegan. Nadie dijo que fuera sencillo y rápido.

Bien, pues hasta aquí hemos llegado. No olvides darle al like si te gustó este vídeo, suscribirte al canal si quieres seguir aprendiendo y comentar lo que desees en la sección de comentarios. Gracias por pertenecer a la gran Comunidad de Cosas de Coaching

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