Mira,
Estos días estoy leyendo Ingeniería Interior, de un gurú llamado Sadhguru. Te lo recomiendo. Dice algo que me voló la cabeza:
Nuestro cuerpo físico es solo una acumulación de todo lo que hemos comido, bebido y respirado en nuestra vida.
Piénsalo. Comemos, bebemos, respiramos… y de ahí sale el cuerpo que habitamos.
Cada célula, cada tejido, cada arruga, cada músculo… ha sido montado con lo que metemos dentro.
Y sí, una parte se desecha (bueno, tú sabrás tu regularidad, que no me meto en tu estreñimiento…), pero el resto se queda. Se convierte. Nos transforma.
¿Y quién elige qué se queda y qué se va?
¿Hay una receta interna que decide qué parte del chuletón se convierte en codo y cuál va al váter? ¿Quién decide cómo se construye el «yo físico» con los ladrillos que le damos?
Y aquí viene el giro:
¿Y si con la personalidad pasa igual?
¿Y si lo que soy —mis gustos, mis pensamientos, mis miedos, lo que me cabrea, lo que me da placer— también es fruto de lo que consumo?
Conversaciones, libros, series, redes, emociones, ideas…
¿Quién decide lo que se queda y lo que se desecha?
¿Quién elige en ti?
En mi curso Ingeniero de Personas no enseño dietas,
pero sí te doy alimento intangible.
Para que elijas con conciencia lo que metes dentro.
Porque eso… es lo que acabarás siendo.
¿Eliges tú? ¿O ya eligieron por ti?
Tú mismo.